Se considera que copiar está mal
visto, ya sea en un examen en el aula, o al presentar un trabajo que siendo de
otra persona, se hace pasar por propio. Creo que ya a mediados de primer curso
de carrera nos ha quedado claro que eso no es para nada lo correcto.
Referenciamos y listo.
En realidad, nadie pone en discusión
ese asunto. Pero quería hablar del valor de copiar como herramienta educativa.
Aunque esta palabra hoy día tiene una connotación negativa, todos hemos copiado
en la infancia y de alguna forma, quiero resaltar el valor de este recurso.
Copiamos todo lo que vemos, y este es el principio para empezar a construir y que
acaba ya en la adultez con la reconstrucción.
¿No se nos dice acaso que somos
‘modelos para nuestros alumnos’? ¿O qué pasa cuando hablamos de ‘coger
referencias de…’ o simplemente decimos ‘imitar’? Quizás, todo esto suena mejor
que ‘copiar’ a secas, y va dando ideas de cómo interpreto yo el contenido de esta
palabra.
Aquí quiero introducir un término
para que veamos que de lo que yo hablo aquí es algo de se viene haciendo desde
hace mucho. Se trata de la techné, una práctica muy antigua, ‘tan antigua como
la humanidad misma’, y ya sobre ello
teorizaban los filósofos de la Antigua Grecia. Contiene en su significado ‘técnica’
y ‘arte’ a la vez. El saber al que se refiere esta techné es un saber práctico, un saber
hacer. Los griegos entendían esto como una transformación de lo existente,
no cambiando la realidad, sino dándole forma. Y la manera que ellos entendían de
aprender esta práctica se basaba precisamente en una imitación en la naturaleza.
Nosotros como maestros, somos los
que sentamos las bases primeras de la enseñanza y debemos poner pues nuestra
mirada en los recursos más básicos. Esta herramienta es especialmente
fundamental en cuestiones mecánicas como el dibujo, la artesanía, la música o la
escritura (copiamos un círculo, lo copiamos otra vez, lo repetimos cien veces
más y luego añadimos el palito, y poco a poco aquello va pareciéndose más a la
vocal ‘a’). Creo que además podemos disfrutar tremendamente con esta actividad
si la usamos con lógica y sentido. Un taller que trabaje el barro, por poner un
ejemplo, nos pondría en contacto con un material natural, y a través de la imitación
trabajamos proporciones, equilibrio, habilidades psicomotoras y tendremos
además un resultado real del que enorgullecernos.
Puede que sea más aburrido hablar
de eso de copiar y que sea más apropiado a estos tiempos hablar ampliamente del
valor de una educación en valores en niños (ya hablé de eso en mi entrada anterior y pienso que el verdadero cambio debe producirse primero en la Universidad) y sé que a muchos les habrá
torturado la repetición interminable de los cuadernillos Rubio. Pero siempre
hay mil maneras de utilizar los recursos y hacerlos atractivos, y para ello,
quizás no hace falta que tú te
inventes algo nuevo, sino que el saber acumulado en libros, vídeos, cursos,
Youtube o Facebook te den una gran idea, que la apliques con tus alumnos y sea
todo un éxito. Es por esta razón por la que recalco tanto esta herramienta, pues
si hemos llegado hasta aquí es porque alguien copió lo mismo que otra persona y
luego, lo mejoró. Pero para ello, debemos construir esas bases.
Más tarde (o a la vez) viene el
análisis, la reflexión, la crítica a eso que has copiado --ya sea en cuestiones
de emoción, comportamiento o en áreas curriculares-- el estudio y la
reconstrucción de ideas esas copiadas, esos patrones de comportamiento que la
sociedad te ha aportado… y que al final, ese análisis y esa crítica te acaban dando
la deseada educación en valores.
Para terminar, quiero ilustrar una
forma de copiado con un vídeo que encontré en Facebook:
Como se muestra en el vídeo, con
la caja de arena el niño dibuja el trazado del abecedario y los números,
refuerza su psicomotricidad fina, y, como se afirma al pie del vídeo, tiene una
experiencia sensorial. No dudo que, además, será mucho más divertido que usar los
cuadernillos Rubio.
Biografía:
Apuntes de Introducción a la filosofía de I.
Falgueras.
Post Data: Quiero aclarar aquí que
el valor negativo de ‘copiar’ parece que viene de la intención que tenemos
cuando lo realizamos, aunque igualmente cuando usamos la palabra ‘imitar’
tampoco se salva y suena, en algunos casos, despectiva. Para los griegos la
imitación tenía un sentido creativo. Para mí también.