miércoles, 20 de abril de 2016

¿Cuento musical o concierto didáctico?



A veces, en el mundillo de la música, oímos que hay una actuación, con canciones acompañadas de una historia y nos hablan de estos dos términos: ‘cuento musical’ y ‘concierto didáctico’, y al ser parecidos puede que no nos quede claro en qué consiste cada uno. 


Pues bien hoy quería aclarar estas dos ideas, cercanas de alguna manera pero con un enfoque distinto, pues la diferencia reside en es la participación o no de los niños, uno lo hace de forma activa y el otro, pasiva. Hay que decir que no hay una línea marcada clara en lo que es una cosa u otra, sino que, más bien depende, en mi opinión, de la intención o enfoque que tengamos con cada una de las actividades. Dicho esto,  ésta es la diferenciación que yo ofrezco, que, aunque explicativa, es personal y es probable por otro lado que haya otras personas que tengan otra visión al respecto, sobre todo con lo referido a cuento musical.

El cuento musical es una historia en la que los niños participan haciendo música. La manera en que ellos participan o las actividades incluidas puede ser muy diversa. Aquí muestro algunos ejemplos:


Historia (narrador) + canción con estribillo (profesor + alumnos)

Historia (narrador) + percusión de los sonidos de la historia (alumnos)

Historia (narrador) + canción con estribillo y movimiento (alumnos) + percusión/instrumentos (alumnos)


La forma más dinámica de hacer esto es ir intercalando trozos de la historia o cuento con partes musicales, fusionando varias acciones. El cuento musical puede ser muy divertido y destinado a realizarse como una actividad final cuando se mezcla el movimiento, la percusión, los cantantes y el narrador en una sola actuación, no solo por la propia mezcla sino porque ellos también proponen y realizan sus propias coreografías u organizan un patrón rítmico para cada ‘sonido’…

Por otro lado están las canciones acumulativas. Como su propio nombre indica, son canciones en las que se van añadiendo más elementos a la lista y que puede tener un final o resolución, formando así una canción-cuento. Éstas podrían añadirse en el apartado de cuento musical, ya que están pensadas para que el alumnado las cante, haga movimientos con las manos para memorizarla mejor, etc. Muestro un ejemplo que me pareció de lo más divertido…



 Mientras tanto, en el concierto didáctico, los alumnos son meros espectadores de lo que ocurre en el escenario (aunque una vez trabajado el cuento musical, se me ocurre que éste a su vez puede ser mostrado a los padres en forma de concierto).En el concierto didáctico, el nivel de la actuación de los instrumentistas es más elevado, a nivel profesional. 


En este tipo de conciertos, se pretende acercar la música explicándola, es decir, mostrando, quizás parte por parte, elementos de la pieza, diferenciando las partes de la pieza, mostrando leitmotivs, etc. Un ejemplo, aunque quizás algo particular, es el caso de Pedro y el Lobo de Prokofiev, una historia animada con partes musicales, que hacen apreciar al oyente los diferentes timbres instrumentales de la orquesta, a la vez que podría ser un punto de partida excelente para explicar el leitmotiv. Decir que Pedro y el Lobo es una pieza totalmente recomendable, tanto para mayores como para pequeños… la calidad de Prokofiev para hacer melodías que ilustran y que de alguna forma ‘te llegan’ es magnífica. Aquí dejo en el enlace por si os apetece verlo:




En este caso, es un concierto didáctico porque pretende enseñar algo al alumnado y los instrumentistas son profesionales, pero es por otro lado, si nos remitimos a la esencia interna de la obra, un cuento musical


A su vez, un concierto didáctico puede ser simplemente una pieza clásica que puede interpretarse por partes para explicar sus elementos, sin que tuviese en su creación una función pedagógica. El grado de explicación puede ser mayor o menor, en algunos casos puede ser una pequeña introducción biográfica o llamativa al comienzo de las piezas, en otros casos puede ser más incisiva e ir parándose en distintas partes de la obra, haciendo una introducción al análisis de la pieza, explicando la forma sonata, nociones armónicas, etc.

Una pieza para ilustrar esto podría ser La sinfonía de los Juguetes:



Dicho esto, espero que se hayan aclarado un poco estas nociones. ¡Hasta la próxima!

jueves, 7 de abril de 2016

El sistema de manos de Kodály como ejercicio vocal

Hoy tengo que hacer un calentamiento de voces con el coro con el que últimamente se me ha dado la oportunidad de dirigir (al menos hasta ahora, de forma temporal). Como todavía estoy un poco verde, llevo siempre las cosas preparadas, y pienso de antemano los ejercicios de calentamiento que quiero hacer con ellos.

Uno de los problemas que surge en nuestro coro es la falta de 'empaste' (sí, la palabreja se refiere a cuando todas las voces de una cuerda suena como un uno, un único flujo de sonido) y de afinación. Para ello, primero se me ocurrió trabajar el intervalo de 5ª.  Para ello, lo que hice fue, tomándo como referencia una nota del piano y haciéndola oir, pedirles seguidamente  a una de cuerdas que haga la 5ª inferior, con el propósito de obtener seguridad con la distancia exacta de ese intervalo (en especial para las voces de bajos que al llevar muchas veces la fundamental de las armonías requieren algo más de soltura en esto). El ejercicio fue productivo y prometí que pensaría algo más elaborado para la siguiente semana.

Ese fin de semana tuve el placer de asistir a un curso de formación pedagógica en Sevilla (organizado por Educo Música). Los recursos que uno se lleva de estas experiencias son inestimables, aunque uno nunca sabe en qué contexto o situación lo va a acabar aplicando, como es éste el caso. 

Aquí es donde os voy a hablar del método Kodály. Si bien sus ideas tiene ya un tiempo y han sido asimiladas por otras metodologías posteriores en este mundillo de la pedagogía musical, yo hasta ahora no lo conocia. Así que ha sido una tremendísima suerte y experiencia que alguien me lo enseñara (Polo Vallejo en este caso). ¿Por qué usar este sistema de manos? La idea (al menos en mi cabeza) es un ejercicio en el que se concentren en los saltos interválicos en vez de concentrarse en las notas de la partituras, con un doble objetivo: trabajar la afinación y el empaste: entre cuerdas y dentro de cada cuerda.

Pues bien, la idea de hoy es hacer un calentamiento-ejercicio auditivo con mis compañeros, 
 que va a consistir en ir construyendo una secuencia de acordes  de tres notas con las diferentes cuerdas aplicándo este sistema de gestos o manos. Comenzaré dando la primera nota, y a ver si son capaces de hacer los intervalos ('sin midi previo'). Para ello, primero comenzaré por hacerles cantar al unísono las mismas notas, enseñándoles poco a poco el sistema Kodály. 
 

Por otro lado, es interesante comentar que la típica secuencia de acordes (I-IV-V-I o en su defecto, I-II-V-VI-I) le queda al oído basante escuchada si no tenemos cuidado de distribuir las notas del acorde a la manera más clásica, es decir, siguiendo las reglas del contrapunto.

Aquí no creo que sea tan interesante esta manera de hacer, pues estamos cantando obras renacentistas y estas secuencias, al menos en la disposición del acorde clásica no resulta de interés. ¿Qué hacer entonces? El renacimiento hace uso de quintas y cuartas en la disposición, así que esta es parte de la clave. Usaremos estas quintas junto con los movimientos paralelos y directos. 

 ¿Qué pasará hoy? ¿Cómo serán los resultados? Me encanta la idea de la inteligencia compartida e internet es la herramienta ideal para ello. Igual que yo comparto mis ideas, me gustaría que la gente que me leyese y tuviese algo que aportar, se anime a comentar, ya sea por alguna cosa que pudera mejorar o simplemente para agradecer mi trabajo. Espero que vosotros también os podáis nutrir de estas ideas. ¡Hasta la próxima!


martes, 1 de marzo de 2016

Copia, repite, aprende.



Se considera que copiar está mal visto, ya sea en un examen en el aula, o al presentar un trabajo que siendo de otra persona, se hace pasar por propio. Creo que ya a mediados de primer curso de carrera nos ha quedado claro que eso no es para nada lo correcto. Referenciamos y listo.
 
En realidad, nadie pone en discusión ese asunto. Pero quería hablar del valor de copiar como herramienta educativa. Aunque esta palabra hoy día tiene una connotación negativa, todos hemos copiado en la infancia y de alguna forma, quiero resaltar el valor de este recurso. Copiamos todo lo que vemos, y este es el principio para empezar a construir y que acaba ya en la adultez con la reconstrucción. 


¿No se nos dice acaso que somos ‘modelos para nuestros alumnos’? ¿O qué pasa cuando hablamos de ‘coger referencias de…’ o simplemente decimos ‘imitar’? Quizás, todo esto suena mejor que ‘copiar’ a secas, y va dando ideas de cómo interpreto yo el contenido de esta palabra. 


Aquí quiero introducir un término para que veamos que de lo que yo hablo aquí es algo de se viene haciendo desde hace mucho. Se trata de la techné, una práctica muy antigua, ‘tan antigua como la humanidad misma’, y ya sobre ello teorizaban los filósofos de la Antigua Grecia. Contiene en su significado ‘técnica’ y ‘arte’ a la vez. El saber al que se refiere esta techné es un saber práctico, un saber hacer. Los griegos entendían esto como una transformación de lo existente, no cambiando la realidad, sino dándole forma. Y la manera que ellos entendían de aprender esta práctica se basaba precisamente en una imitación en la naturaleza. 


Nosotros como maestros, somos los que sentamos las bases primeras de la enseñanza y debemos poner pues nuestra mirada en los recursos más básicos. Esta herramienta es especialmente fundamental en cuestiones mecánicas como el dibujo, la artesanía, la música o la escritura (copiamos un círculo, lo copiamos otra vez, lo repetimos cien veces más y luego añadimos el palito, y poco a poco aquello va pareciéndose más a la vocal ‘a’). Creo que además podemos disfrutar tremendamente con esta actividad si la usamos con lógica y sentido. Un taller que trabaje el barro, por poner un ejemplo, nos pondría en contacto con un material natural, y a través de la imitación trabajamos proporciones, equilibrio, habilidades psicomotoras y tendremos además un resultado real del que enorgullecernos.  


Puede que sea más aburrido hablar de eso de copiar y que sea más apropiado a estos tiempos hablar ampliamente del valor de una educación en valores en niños (ya hablé de eso en mi entrada anterior y pienso que el verdadero cambio debe producirse primero en la Universidad) y sé que a muchos les habrá torturado la repetición interminable de los cuadernillos Rubio. Pero siempre hay mil maneras de utilizar los recursos y hacerlos atractivos, y para ello, quizás no hace falta que te inventes algo nuevo, sino que el saber acumulado en libros, vídeos, cursos, Youtube o Facebook te den una gran idea, que la apliques con tus alumnos y sea todo un éxito. Es por esta razón por la que recalco tanto esta herramienta, pues si hemos llegado hasta aquí es porque alguien copió lo mismo que otra persona y luego, lo mejoró. Pero para ello, debemos construir esas bases. 


Más tarde (o a la vez) viene el análisis, la reflexión, la crítica a eso que has copiado --ya sea en cuestiones de emoción, comportamiento o en áreas curriculares-- el estudio y la reconstrucción de ideas esas copiadas, esos patrones de comportamiento que la sociedad te ha aportado… y que al final, ese análisis y esa crítica te acaban dando la deseada educación en valores.   


Para terminar, quiero ilustrar una forma de copiado con un vídeo que encontré en Facebook:



Como se muestra en el vídeo, con la caja de arena el niño dibuja el trazado del abecedario y los números, refuerza su psicomotricidad fina, y, como se afirma al pie del vídeo, tiene una experiencia sensorial. No dudo que, además, será mucho más divertido que usar los cuadernillos Rubio.   



Biografía:

Apuntes de Introducción a la filosofía de I. Falgueras.



Post Data: Quiero aclarar aquí que el valor negativo de ‘copiar’ parece que viene de la intención que tenemos cuando lo realizamos, aunque igualmente cuando usamos la palabra ‘imitar’ tampoco se salva y suena, en algunos casos, despectiva. Para los griegos la imitación tenía un sentido creativo. Para mí también.


viernes, 26 de febrero de 2016

Valores al servicio, valores a la venta.

Ésta es mi primera entrada en un blog. He comenzado esto con el humilde fin de completar la tarea que mi profesor de didáctica educativa nos ha propuesto a mí y a mis compañeros en la Universidad de Málaga. Tengo que decir que ya antes había pensado sobre hacer un blog educativo pero por (pereza) falta de tiempo nunca me he animado a hacerlo. Ésta parece la ocasión perfecta.

El tema del que voy a hablar el día de hoy ha estado rondando mi cabeza desde que empezamos el cuatrimestre, pero creo que ahora las ideas están más tranquilas y pacíficas para hablar objetivamente del asunto. Quiero hablar de la coherencia. Con coherencia me refiero a la que va del pensamiento a la acción, y a la que va desde la teoría a la práctica (educativa). La que debe transformarnos, para poder transformar a otros.
Creo que falta verdad en lo que nos rodea. No es nada fácil ser fiel a uno mismo, pues las circunstancias ya sea en la universidad (en la propia clase…) o en la vida laboral, la forma en que funcionan las cosas, el día a día, nos arrastra al lado de lo conveniente, lo fácil, lo que todo el mundo hace. En unas oposiciones, o cuando echas un curriculum, se miden una serie de logros que se podrían calificar de arbitrarios o a la moda que nada tienen que ver con el fondo o con la verdad de las personas. 

La enseñanza educativa, quizás atendiendo a la falta de valores de hoy día, en estos últimos años apuesta fuerte por una educación holística que trabaja las emociones y está más concienciada en valores. Pero no creo que la universidad, aunque se ven buenas las intenciones de los profesores, estén calando estas ideas en los alumnos.
Hace pocos días salía en algunos medios una frase de César Bona: 

«Mucho más importante la actitud que la vocación».

Sin ser una frase que no se haya dicho ya antes muchas veces, es lo mismo que me dijo mi tío, también profesor de primaria aquí en Málaga. Me habló, un poco como el que cuenta de cerca un pequeño secreto o truco, que lo más importante al final no eran las notas que sacaban sus compañeros en la universidad --y que luego resultaban, en algunos casos, en profesores desinteresados con los alumnos--, y que otros, con notas menos brillantes, eran más comprometidos para con sus estudiantes. Lo que tanto mi tío como César Bona querían decir, es que no hay una correlación entre las notas sacadas en la universidad y lo buenos que serán esos docentes con niños.

La pregunta que aquí surge, la que tiene que hacernos reconcomernos por dentro sobre el verdadero cambio en educación es ¿cómo vamos a cambiar a otros si no nos cambiamos primero (y de verdad) a nosotros mismos? ¿Cómo nos ponemos a disposición de unos niños si no somos coherentes? Creo, desde lo más profundo, que si no conseguimos este cambio en estos próximos cuatro años, nos va a ser imposible ofrecer el modelo perseguido para que otros se construyan a sí mismos.